Terminar todo lo que se comienza, principio para un buen líder

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Seguramente muchos de nosotros hemos empezado dietas, cursos de inglés, de música o nos hemos registrado en el gimnasio. Pero, ¿cuántos de nosotros hemos convertido esas dietas en hábitos de buena alimentación?, ¿cuántos hicimos del curso de inglés una práctica continua del idioma?, ¿cuántos incorporamos a nuestra vida cotidiana el hábito de hacer ejercicio?

La cifra entre los que comenzamos algo y los que efectivamente lo terminamos, varía mucho. Una muestra son los gimnasios. Del total de personas que se registran a comienzos del año en un centro de acondicionamiento físico, el 50% se retira en los primeros seis meses bien sea por falta de tiempo, energía o motivación, según investigaciones realizadas por la firma Havas Media Group.

Este ejemplo sirve para ilustrar una tendencia común: tenemos mucha iniciativa y poca constancia y disciplina para terminar aquello que comenzamos. No obstante, considero que cuando nos trazamos una meta son más las posibilidades que tenemos para cumplirla, que las dificultades insalvables que se nos presentan. Basta con detenernos a buscar oportunidades según nuestros intereses y encontraremos una gran cantidad de caminos para cumplir nuestros propósitos: desde programas institucionales gratuitos en áreas como música, deporte y educación, hasta becas y cursos a los que podemos acceder.

Para el caso de Medellín, frente a estas áreas podría referir la Red de Escuelas de Música, el programa del Inder Ludotekas para Medellín, las Escuelas Populares del Deporte, las convocatorias para acompañamiento a emprendedores, entre otras iniciativas que nos reiteran que si queremos ser buenos en algo, tenemos las opciones para serlo. El punto central es que debemos estar convencidos de que podemos desarrollar cualquier proyecto para superar las barreras que nos podamos encontrar.

La inconstancia y la falta de disciplina son hábitos incorporados que nos cuesta mucho dejar a un lado para el cumplimiento de nuestras metas y culminar todo aquello que iniciamos. Para cambiar esa realidad y construir un panorama diferente, tendríamos que empezar por revisar aquellos proyectos personales, profesionales o laborales que no hemos culminado e identificar porqué los abandonamos en el camino. Una vez lo hagamos, es preciso analizar los diferentes factores en los que debemos trabajar para que todos los proyectos que nos propongamos iniciar a futuro, puedan ser finalizados exitosamente.

Una de las claves está en la motivación que tengamos para trazarnos un proyecto. Como afirma Paola Rueda – coach, conferencista y empresaria colombiana -, motivación no es tener ánimos, es tener motivos, y es en este sentido en el que debemos hacer una revisión a conciencia de qué es lo que nos impulsa a comenzar una empresa, un curso, una dieta, un trabajo o cualquier otra iniciativa.

Identificar para qué y porqué queremos hacer las cosas nos ayuda a reconocer cuál es nuestro plan de vida y, en función de eso, enmarcar las metas que nos vamos trazando. Si esto lo hiciéramos, evitaríamos avanzar en proyectos que realmente no son de nuestro interés, pero en los que nos vinculamos siguiendo a otras personas con las que compartimos. Es el caso, por ejemplo, de las parejas que inician una empresa pero en las que solo uno de los dos siente pasión por el mundo empresarial o de quienes comienzan una dieta porque sus amigos más cercanos la están haciendo. Comprometernos a la ligera con proyectos sin preguntarnos ¿para qué quiero hacerlo? aumenta las posibilidades de insatisfacción y, por tanto, de dejar inconclusos los planes.

Otro aspecto a considerar es definir muy bien los proyectos y ponernos metas, empezando por lo más sencillo y avanzar de manera continua hasta cumplir con el desarrollo de todos los procesos. Esto se relaciona directamente con la confianza y credibilidad que tenemos en nosotros mismos y que reflejamos ante los demás. Si no respetamos ni cumplimos nuestros proyectos personales, ¿cómo pretendemos que los demás confíen en lo que nos encomiendan?

Medir el alcance de los compromisos que asumimos con nosotros y con los demás es fundamental para analizar si tenemos las condiciones y la disposición necesaria para efectuarlos. Antes de encaminarnos en un proyecto, es preciso verificar que tengamos el objetivo claro, pues esa es la meta en la que enfocaremos nuestros esfuerzos durante un tiempo y que exigirá de nosotros disciplina, constancia y un convencimiento total de que podemos afrontar todo lo que se nos presente para lograrlo.

Ahora bien, si nos damos cuenta de que el proyecto que estamos desarrollando no nos satisface o consideramos que la decisión que tomamos no fue la adecuada, es válido hacer un alto y replantearnos qué era lo que queríamos cuando decidimos iniciar. Tal vez, nos hizo falta información o mayor reflexión sobre los objetivos que queríamos alcanzar. Pensar desde el comienzo a dónde queremos llegar con los proyectos que emprendemos, cuáles son los compromisos que debemos adquirir y qué condiciones o implicaciones  tiene cumplirlos  disminuye las posibilidades de equivocación.

Los motivos que tengamos para iniciar proyectos deben ser trascendentales e impulsarnos a avanzar pese a las dificultades. De no ser así, será fácil abandonar uno tras otro cada proyecto con el que no tengamos una conexión total, y crearemos el hábito de faltar a nuestros propios compromisos.

Terminar todo cuanto iniciamos fortalece la confianza en nosotros mismos al demostrarnos que somos capaces de sacar adelante las iniciativas que nos trazamos, otorga satisfacción y nos da credibilidad ante nosotros mismos y ante los demás. Cualquier proyecto, por sencillo que nos pueda parecer, debe ser desarrollado con la convicción de que está alineado con nuestro proyecto de vida, que hace parte de nuestras prioridades y que requiere dedicación, disciplina y esfuerzo para cumplirlo.

Una frase de Nietzche expresa que aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los «cómos», la cual podemos aplicar para evaluar si lo que nos proponemos iniciar es tan sólido como para llevarlo a cabo sin importar lo que debamos afrontar para alcanzarlo. La invitación es a que reflexionemos sobre los compromisos que asumimos y los proyectos que iniciamos para que podamos respetarlos y cumplirlos, lo cual nos hará mejores líderes, mejores jefes, mejores trabajadores y, por supuesto, mejores personas.

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